emperifollados

Francisco Loubayssin de Lamarca


Llegado que fue a la puerta donde su querida dormía, llamó pasito a ella, y se vio tan presto abrazado como abierto. No se detiene mucho en decir locuras amorosas que suelen decir los amantes, porque no hablaba, del mucho contento que tenía, y, cuando quisiera, no hubiera podido: tantos eran los besos y abrazos que nuestra recién casada le daba. Pero tomándola en los brazos, y echándola encima de la cama, sin despegar jamás los labios de los suyos, se dejó caer sobre ella. Bien puedes imaginar cómo pasaron el tiempo y con qué diligencia coman sus postas, siendo la cabalgadura, aunque nueva, tan pronta, que apenas sentía llegar el acicate, cuando hacía mil corcovos y otras tantas cabriolas, haciendo estremecer el picador escudero, y poniéndole de tal modo, que en buen rato no podía cobrar aliento.


Engaños deste siglo, de Francisco Loubayssin de Lamarca (1615)

Pintura: Cradle, de Graham Dean (2026)

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