Porque tu voz deja un signo
innumerable y hondo
como cada caricia
en cada fracción de mi piel.
Hablo de un anhelo de briznas
de hierba azul
en mis manos y tus besos
y el aire.
Y amanecer en tu pelo.
De recorrer tu cuello y tu cintura
buscando ríos silvestres
de tu geografía.
Y mi mano, anclada en tu cintura.
De poner en tu pecho hojas
verdes y blancas
del árbol de sombra de mi orilla.
Tú y nadie más
y el invencible deseo de abrazarte sin tiempo.
De mis poemas sin título,
de versos, sólo en tu oído.
Dios mío, ¡cómo me miras!
Tu voz sin esquinas
riela en mi océano
que ya sólo se complace
en partituras de tu aliento.
Poema de Clara Díaz Pascual incluido en Desorden de lunas (1999)
Ilustración de Sally Mandl