emperifollados

Álvaro Cunqueiro

Esto viene en una canción que han estudiado los eruditos y de la que ha dado una versión, y aclarado los puntos oscuros, el maestro Martín de Riquer en el capítulo dedicado a Guillermo de Poitiers de su monumental obra Los trovadores. Nos dice el propio Guillermo que salió de peregrino «con esclavina» y se encontró con la mujer de Garí y con la de Bernart. Una de ellas le dijo en latín:

—Dios os guarde, ¡don peregrino! Me parecéis de buena condición, pero muchas veces vemos andar por el mundo gente necia.

El conde no contestó ni fu ni fa, sino que balbuceó algo así como babariol, babariol, babarián.

Entonces Inés le dijo a Ermesinda:

—Hermana, ya hallamos lo que andábamos buscando. Démosle albergue, que es mudo, y lo que hagamos nunca será divulgado por él.

Lo metieron en casa, lo sentaron a que se calentase al amor del fuego, le dieron capón a comer, el pan era blanco, el vino bueno, y la pimienta abundante. Pero las hermanas quisieron asegurarse. El peregrino se desnudó, y las dos hermanas le echaron sobre la espalda un gato que tenían, enorme y de largas uñas. El gato arañó fuerte, pero el mudo no dijo oste ni moste. Con lo cual las hermanas, convencidas de la mudez del viajero, se dispusieron, dice la canción «para el baño y para el placer». Ocho días duró la juerga. El conde de Poitiers comentará:

Tant las fotet com auzirets: cent et quatre-vinz et ueit vetz…

¡Mucho fue! Y además pescó una enfermedad…

Y si los portugueses buscaban mudas, parece que pueda recomendarse a mujeres que tienen los maridos fuera —quizás iban en las Cruzadas—, y ya el cuerpo no les aguanta tanta falta de ejercicio carnal, que busquen un mudo. Creo recordar que hay un cuento de Francisco Ayala —a lo mejor me equivoco y el cuento es de otro— que, en una ciudad hispanoamericana, dos hermanas, queriendo catar varón, buscaron un bobo, el bobo del pueblo, el cual fue atraído y disfrutado. Aunque la cosa me parece que terminó muy mal.

No debía haber mudo a mano, y ellas no debían saber que en el coito, además de la potencia, es cosa buena una dosis de gentileza. Pero las mujeres no suelen pensar la cosa como es debido. Una historia que ya le hizo reír a Cervantes es la de la viuda que se llevó para su casa a un criado de unos frailes, con gran sorpresa y descontento del prior del convento, quien esperó a la dama y le dijo que por qué usaba aquel bruto fornido, habiendo en el convento tanto filósofo y teólogo de buena presencia. A lo que la viuda replicó, defendiendo a su chicarrón:

—Para lo que yo lo quiero, más filosofía y teología sabe que Aristóteles.

En fin, búsquense un mudo que aguante todo ensayo, las señoras damas ansiosas, y los caballeros búsquense una muda… Las hermanas de la canción de Guillermo, conde de Poitiers y duque de Aquitania, Ana y Ermesinda, serían blancas de piel y sabrosas, tibias del baño aromatizado con espliego. Y nos gustaría saber cómo eran los ejercicios venéreos, si a par o a tres, y si se escuchaba roncar, cerca del fuego, al terrible gato, lo que añadiría al jolgorio una punta de sadismo.


Artículo de Álvaro Cunqueiro incluido en el libro recopilatorio La bella del dragón (1991)

Dibujo de Benjamin Chaud

Álvaro Cunqueiro, Benjamin Chaud, La bella del dragón
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