
La oscuridad es una aliada natural de algunas prácticas sexuales sumergidas, condenadas por la moral pública, que a menudo suceden a escasos metros del bullicio y donde la discreción desempeña un papel fundamental para eludir leyes y normas represivas. Las primeras zonas de cruising nacieron al mismo tiempo que las ciudades modernas, durante las reformas higienistas del siglo XIX, en paralelo con el desarrollo de equipamientos urbanos como parques y grandes áreas dedicadas al ocio y el consumo. Algunas comunidades marginales se reapropiaron de las zonas en penumbra que escapaban del control de los urbanistas, reinterpretándolas y dotándolas de narrativas inesperadas. Espacios liminales donde los cuerpos se liberaban de sus ataduras sociales y se dejaban llevar por el deseo. El anonimato imponía el silencio, y el principal medio de comunicación era el lenguaje corporal. La ausencia de palabras se compensaba con un énfasis en la mirada como forma de contacto y transmisión del deseo, algo parecido a lo que ocurría en el cine mudo.
Breve historia de la oscuridad, de Vicente Monroy (2025)
Ilustración: Porn PopUp, de Sean Loose