Ella está cansada, después de tantas agotadoras lujurias.
El perfume emanado de sus miembros lastimados
Está lleno de recuerdo de lentas magulladuras.
El libertinaje ha cruzado sus ojos azules ensombrecidos,
Y la fiebre de las noches ávidamente soñadas
Vuelve más pálidos todavía sus pálidos cabellos rubios.
Sus ademanes tienen languideces ebrias.
Pero he aquí que la Amante de las crueles uñas
De repente la reembarga, y la estrecha, y la abraza
Con un ardor tan salvaje y tan dulce a la vez,
Que el bello cuerpo desgarrado se ofrece, demandando gracia,
En un estertor de amor, de deseos y de espantos.
Y el sollozo que asciende con monotonía,
Se exaspera al fin de tanta voluptuosidad,
Aúlla como se aúlla en los momentos de agonía,
Sin esperanza de alcanzar la inmensa sordera.
Después, el atroz silencio, y el horror que trae,
El brusco sofoco de la quejumbrosa voz,
Y sobre el cuello, como cualquier tallo muerto,
Palideció la marca verde y siniestra de sus dedos.
Deseo, de Renée Vivien
Pintura: Dreamtigers, de Julia Soboleva (2020)