Vertió unas gotas de vodka en sus genitales. Le picó, le ardió. Ella se rió al hacerlo, él quiso que lo repitiera. Vertió otro chorrito y se inclinó a lamérselo, a limpiarle con la lengua el rastro de vodka, y se arrodilló a horcajadas encima de él. Ella sostenía un vaso en cada mano y trataba de mantenerse en equilibrio para no derramar más líquidos mientras los dos rebotaban y reían.
Cosmópolis, de Don DeLillo (2003)