Uno solo es el acto, ya se haga con el marido, ya con el adúltero. Pero lo que en el peligro implica mayor riesgo es mayor también en recompensa. Pues no se goza igual de lo que se posee sin trabas que del placer prohibido, sino que todo aquello que es furtivo es más placentero. De la misma manera Poseidón se camufló en una ola purpúrea, y Zeus en lluvia de oro, en toro, en serpiente y en otros subterfugios, de donde Dionisio, Apolo y Heracles, los dioses fruto del adulterio. Y cuenta Homero que incluso Hera lo veía con deleite en aquella ocasión en que se reunió con ella a escondidas, pues cambió el privilegio del esposo por la clandestinidad del adúltero.
A una mujer casada, de Filóstrato de Atenas (siglo II-III d.C.)
Imagen: This knot of life, de Ronald Kitaj (1975)