¿Podría llamarse lujuria al fuego inextinguible que nos consumía? Ambos parecíamos animales hambrientos que encontraban al fin pasto abundante, y mientras nos abrazábamos con una avidez cada vez más grande, mis dedos acariciaban sus rizos y la piel suave de su nuca. Nuestras piernas quedaron trenzadas, y su pene en erección comenzó a frotarse contra el mío, tan duro y erecto como el suyo. Estrechamente pegados uno a otro, uniendo nuestros cuerpos en el más estrecho contacto, jadeantes y sacudidos por violentos espasmos, mordiéndonos y cubriéndonos de besos, debíamos parecer, en mitad del puente, y en medio de la niebla, dos condenados sumidos en el tormento eterno.
Teleny, de Oscar Wilde (1893)
Dibujo de Spartacus incluido en la revista Physique Pictorial (1977)