Cuando Baubo se levantó la falda en son de burla, tal y como nos lo relata el mito griego clásico, el acto que realizó, el mostrar su vulva, en los textos religiosos griegos se llama ana-suro-mai (que literalmente significa «levantarse las faldas»). Su gesto era indecente y provocó la risa, pero había algo más profundo en todo eso. Lubell indaga en las raíces prepatriarcales de este gesto y descubre que es un vago recordatorio de una era matriarcal muy antigua en que la zona púbica de la diosa era la puerta sagrada de donde provenía la vida, y que el triángulo invertido era un símbolo sagrado. El gesto de Baubo de levantarse la falda y mostrar su vulva aparece en diversos útiles y en las manifestaciones artísticas que comprenden desde el Paleolítico hasta la Edad Media, y desde la antigua Europa y Egipto hasta Siberia y las Américas.
Algunas de las figurillas de arcilla de Baubo que los arqueólogos han hallado nos hacen sonreír. Son mujeres con la ropa levantada sobre un vientre orondo. Son todo piernas y abdomen. A veces incluso se representaba un rostro sonriente sobre el vientre, y la hendidura de la suave barbilla en forma de V era la ranura vulvar y vertical que tenía entre las piernas. A pesar de que Baubo y estas estatuillas son imágenes menores comparadas con las divinidades olímpicas y las estatuas de mármol de la antigua Grecia, cuando nos remontamos a la época prepatriarcal para indagar en sus orígenes, comprendemos que son el recordatorio vago e infravalorado de que las imágenes de la sexualidad y la fertilidad de la mujer eran sagradas, y no lascivas. En el pasado la vulva era la entrada al cuerpo de la diosa, y las entradas de las cuevas en forma de ranura se pintaban consecuentemente de color rojo tierra en señal de reverencia.
Las diosas de la mujer madura, de Jean Shinoba Bolen (2006)
Imagen: figura de terracota de Baubo proveniente del santuario de Deméter en Priene, antigua colonia griega en la actual Turquía (periodo helenístico, entre los siglos IV y III a.C.)