emperifollados

Diane Coyle

La pornografía es, técnicamente, un bien de lujo. En este sentido, se parece a otras muchas actividades de ocio, incluyendo ir al cine, comer fuera de casa, ir al gimnasio, ver un partido de baloncesto, etcétera, que han crecido rápidamente a medida que nuestras sociedades se han ido haciendo más opulentas. Cuando trabajábamos muchas horas, duro, y con una paga reducida, pocos teníamos el dinero o las ganas de lujos como la pornografía o visitar bares de alterne y locales de strip-tease. Ahora que somos mucho más ricos, en tiempo y en dinero, es otra cuestión.

La diversión se está convirtiendo en una parte cada vez más importante de las economías avanzadas, algo que merece la pena recordar si uno está pensando en crear una empresa. Por supuesto, siempre habrá una demanda de productos básicos, como comida, casa y cobijo, pero el gran crecimiento se producirá en los mercados donde la demanda está creciendo más deprisa a medida que nos vamos haciendo cada vez más prósperos. Estos mercados van desde los bienes de lujo convencionales, como la ropa de diseño en vez de las camisetas de mercadillo, a los servicios de todo tipo. Entre éstos cabe incluir la educación y la atención sanitaria, los hoteles y los restaurantes, pero también toda una gama de otros servicios del sector del ocio que los especialistas en estadística clasifican como servicios personales. En lo que están pensando en entrenadores personales, manicuras, aroma-terapeutas, psicoterapeutas, etcétera, pero los trabajadores del sexo también están ahí: al parecer, a la gente le encanta el sexo.


Sexo, drogas y economía, de Diane Coyle (2002)

Imagen de Suzanna Scott perteneciente al proyecto Coin cunts

Coin cunts, Diane Coyle, Sexo drogas y economía, Suzanna Scott
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