Le moja, le acaricia la nuca, los cabellos.
La siente en su cuello sedoso y presiona los duros pezones,
escurriendo de ahí como si fueran las lenguas de las gárgolas.
Intenta repartirlas entre sus fuertes muslos separados. Algunas
gotas se detienen en la carnosa cavidad de su ombligo profundo
y en la hendidura ofrecida a ese animal disperso y líquido.
El beso intermitente y múltiple ha pasado, tembloroso, por sus
corvas, sus rodillas, ha moldeado sus rosados talones.
Una espuma blanca cubre su vello ensortijado y oculta la brillantez
jugosa de esa boca no parecida a nada.
La caricia según el agua, poema de Gaspar Aguilera Díaz incluido en Imperfección del mundo (2004)
Fotografía de Ibai Acevedo (2021)