emperifollados

José María Vaz de Soto



Para nosotros no existía el pudor, ni lo prohibido; existía el placer, nada más que el placer, en toda su pureza, en toda su plenitud; era como el retorno a un universo infantil sin prohibiciones, a un paraíso perdido sin árboles reservados y sin dioses arbitrarios y crueles. Ella abría sus piernas como el árbol ofrece su fruto, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia juntamente, y yo entraba en ella con más frenesí, con más ansia que el lobo, arrancando el temblor en lugar de la sangre, haciendo brotar un chorro de gozo subterráneo en lugar del dolor sin remedio, escalando las cumbres del placer y de la vida en vez de bajar a los abismos del sufrimiento y de la muerte.

Fabián y Sabas, de José María Vaz de Soto (1982)

Pintura: ...emportés jusqu'aux constellations... de Henri Matisse (1944)

emportés jusqu'aux constellations, Fabián y Sabas, Henri Matisse, José María Vaz de Soto
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