emperifollados

Ovidio

Prefiero una amante que haya sobrepasado la edad de treinta y cinco años y encuentre ya cabellos canos en su melena: que los apresurados beban el vino nuevo; a mí me gusta más una mujer madura que conoce su placer. Tiene experiencia, que constituye todo el talento, y conoce en el amor mil posiciones. La voluptuosidad en ella no es falsa. Y, cuando la mujer goza al mismo tiempo que su amante, es el colmo del placer. Odio el abrazo en que uno y otra no se dan enteramente. Odio esas uniones que no dejan exhaustos a los dos. Odio a una mujer que se entrega porque hay que hacerlo, que no se humedece, que piensa en sus labores. No quiero una mujer que me dé placer por deber. ¡Que ninguna mujer haga el amor conmigo por obligación! Me gusta oír que su voz traduzca su alegría, que murmure que es preciso ir más despacio, que debo contenerme todavía. Me gusta ver a mi amante gozando con los ojos vencidos y que desfallezca y no permita que la acaricie más.


El arte de amar, de Ovidio (siglo I a.C.)

Imagen: Plastic, de Olga Malyshenko (2014)

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