emperifollados

Ángel González

Escribir un poema se parece a un orgasmo:

mancha la tinta tanto como el semen,

empreña también más en ocasiones.

Tardes hay, sin embargo,

en las que manoseo las palabras,

muerdo sus senos y sus piernas ágiles,

les levanto las faldas con mis dedos,

las miro desde abajo,

les hago lo de siempre

y, pese a todo, ved:

¡no pasa nada!

Lo expresaba muy bien César Vallejo:

“Lo digo y no me corro”.

Pero él disimulaba.


A veces, poema de Ángel González incluido en Breves acotaciones para una biografía (1971)

Imagen: Lettre à Jane Graverol, de Marcel Mariën (1954)

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