emperifollados

Camille Paglia

El sexo es demónico. Este término, vigente en los estudios románticos de los últimos veinticinco años, se deriva del griego daimon, donde designaba un espíritu con una divinidad inferior a la de los dioses del Olimpo. El paria Edipo se convierte en Colona en uno de esos espíritus. La palabra pasó a significar sombra guardiana del hombre. Posteriormente el cristianismo se encargó de cambiar el significado del término, convirtiéndolo en demoníaco o diabólico. El daimon («demon») griego no era maligno —o más bien era ambas cosas, benigno y maligno, como la propia naturaleza, en la que habitaba—. El inconsciente freudiano es un reino demónico en este sentido. Durante el día somos criaturas sociales, pero por la noche descendemos al mundo onírico, donde reina la naturaleza, donde la única ley es el sexo, la crueldad y la metamorfosis. Y el día mismo resulta a veces invadido por la noche demónica. Por momentos, la noche se cuela en la imaginación, en el erotismo, subvirtiendo nuestra lucha por la virtud y el orden, prestando a los objetos y a las personas un aura misteriosa que los ojos del artista nos revelan.

Sexual Personae, de Camille Paglia (1990)
Pintura: Penetration, de Ryan Seng (2006)
Camille Paglia, emperifollados, literatura, Penetration, pintura, Ryan Seng, sexo, Sexual Personae
Con la tecnología de Blogger.