Sabía que tenía que haber al menos tres sepulturas...; sepulturas habitadas. Busqué y busqué, y encontré a una de las mujeres. Dormía su sueño de vampiro, tan llena de vida y de voluptuosa belleza que me estremecí como si fuese a cometer un asesinato. ¡Ah!, no me cabe duda de que en los tiempos pasados en que sucedían estas cosas, en una situación como la mía a muchos hombres le fallaría el valor en el último instante, y los nervios después: se demoraban y se demoraban, hasta que la mera belleza y fascinación de la sensual no–muerta les hipnotizaba; y se quedaban contemplándola tiempo y tiempo, hasta que llegaba el crepúsculo y despertaba el vampiro. Entonces los ojos de la hermosa se abrían llenos de amor y les ofrecía su boca voluptuosa para que se la besasen..., y el hombre es débil. Y se convertía en una víctima más para la grey del vampiro; ¡una más que iba a engrosar las filas tenebrosas y horrendas de los no–muertos...!
Drácula, de Bram Stoker (1897)
Dibujo de Vampirella, de Pepe González