Porque la mujer es como la albahaca, si queremos saborear el aroma de la albahaca hay que frotar las hojas entre las manos, sólo así la planta dará todo su perfume, sino no se obtendría nada, y la planta guardaría celosamente su esencia deleitable. Lo mismo para llevar a la mujer a la incandescencia sexual, tratadla como a la albahaca. Usad todos los medios, la boca, la lengua, las manos…
El jardín perfumado, de Mohamed Al-Nafzawi (s.XV)