Conversó con Pierre otro poco, bebieron más cerveza y, antes de darse cuenta, ya estaban en uno de los cubículos del baño de mujeres. Pierre era diestro y pródigo, impetuoso, dedicado a que Elisa lo pasara bien. Ella lo dejó hacer y procuró retener los detalles de la experiencia para después, para alguna noche solitaria en que tuviera que arreglárselas con alguna fantasía. Qué mejor que esa fantasía, mucho mejor que los videos de porno amateur que poblaban el historial de sus búsquedas en internet. Cuando terminaron se acomodaron la ropa y, antes de que pudieran salir, Pierre detuvo a Elisa. La miró a los ojos y colocó una de las manos de ella en su entrepierna. Seguía duro.
–Te va a extrañar.
Ella intentó soltarse. Pierre la retuvo un poco más, el tiempo suficiente para señalar su bolso y hacerla entender. Fueron quinientos pesos. También le explicó que, si quería, por dos mil pesos semanales podrían seguir viéndose, según la agenda de Pierre, con «trato de novios» incluido.
Donde termina el verano, de Elma Correa (2025)
Pintura: Blue in green, de Ambera Wellmann (2018)