Habla tierra y bendíceme con lo más abundante
haz fluir la miel del cielo desde mis caderas
rígidas como montañas
desparramadas sobre un valle
excavado por la boca de la lluvia
Y cuando he entrado en ella sabía
que yo era un vendaval atravesando sus bosques, huecos
dedos susurrando sonidos
la miel fluía
de la taza quebrada
empalada en una lanza de lenguas
en las puntas de sus pechos en su ombligo
y mi aliento
aullando en sus entradas
cruzando los pulmones del dolor
Ávida como las gaviotas argénteas
o un niño
me balanceo por encima de la tierra
una y otra
vez
Poema de amor de Audre Lorde, incluido en The New York Head Shop and Museum (1970)
Pintura de Mike Hoffman (2021)