emperifollados

Gillian Anderson


El poder de todas las fantasías sexuales intencionadas yace en que nosotras somos las autoras de esas historias. Nuestra es la voluntad y nuestro es el control de la acción: quién hace qué, a quién y cómo, hasta el más mínimo detalle elaborado, exquisito y erótico. Podemos elegir hacer lo que queramos con quien queramos, con la cantidad de gente que queramos y cuando queramos, sin miedo, juicios sociales o consecuencias. Creo que ahí está la clave: la fantasía puede ayudar a cristalizar nuestros deseos y necesidades. Puede liberarnos para que nos exploremos, para que experimentemos con nuestra excitación y con nuestro deseo sin riesgo de daños ni de críticas. La fantasía es un espacio seguro, no una representación de que lo que queramos llegue a ser real. Y un aspecto que es determinante: en una fantasía solo necesitamos nuestro permiso, y el de nadie más. Una fantasía es un acto de la memoria y de la imaginación, deliberado y, por lo general, totalmente privado.

De hecho, allí donde fracasa la realidad a veces entra en acción la fantasía.


Quiero, de Gillian Anderson (2024)

Serie fotográfica: The fallen angel, de Duane Michals (1968)

Duane Michals, Gillian Anderson, Quiero, The fallen angel
Con la tecnología de Blogger.