Isabel se había sentado en la cama. Esperaba por mí. Sólo de mirarla tuve una erección inmediata. Me seguía gustando esa mulata. Después de todo ¿qué fidelidad puedo exigir yo? El más infiel de los mortales.
Cerré la puerta. Nos desnudamos despacio. Nos abrazamos y nos besamos. Estrechando bien juntos. El corazón se me aceleró y casi se me sale una lágrima. Pero la contuve. No puedo llorar delante de esta cabrona. La penetré muy despacio, acariciándola, y ya estaba húmeda y deliciosa. Es igual que entrar en el paraíso. Pero tampoco se lo dije. Es mejor quererla a mi manera, en silencio, sin que ella lo sepa. Fin.
Fragmento del cuento Yo, el más infiel, perteneciente a la Trilogía sucia de La Habana de Pedro Juan Gutiérrez (1998)
Pintura: Don’t play with my heart, de Vahid Sharifian