En tiempos de Krafft-Ebing hubo gente que desarrolló una fijación respecto a los wagons-lits, y se aficionó tanto a los cambios de aceleración y al movimiento que solo conseguía hacer el amor convenientemente en los trenes. Para esas personas, en los burdeles de lujo de París y Viena existía una habitación decorada y ambientada como un compartimiento de tren, con efectos sonoros y vibraciones que imitaban el movimiento del vagón.
Prólogo de Luis García Berlanga a Psychopathia sexualis, de Richard von Krafft-Ebing (1886)
Ilustración de Raymond Albert Burley