emperifollados

Benoît Toqué

Una ciudad termal. Pero con hongos.

Un sueño de 5 segundos.

Ningún baño público posible.

Tampoco era para tanto, de manera que se fue.

Bueno, de vez en cuando lograba dormir en bañeras.

Una noche había estado de fiesta en casa de una chica. Ella tenía bañera. Y era linda.

Él se había dicho, joder, si es la mujer de mi vida, Aedo.

Ella tenía bañera.

Pero a fuerza de follar y follar cada vez que se veían y, aunque también habían follado en la bañera, tampoco iba a decirle luego, oye, escucha, ¿no te molesta si me quedo a dormir en la bañera? No podía decirle eso, sería raro, y tampoco podía correr el riesgo de perder la bañera por tan poco. Además de que la chica era linda. Toda de mármol, con grifería.

De vez en cuando iba y tomaba una ducha, pero ella jamás lo dejaba tranquilo mucho tiempo.

Siestas de 5 minutos como máximo.

Ningún sueño serio posible.

A mitad de la noche, cuando ella dormía, él intentaba escapar discretamente de la cama para meterse en la bañera, pero como tenía que atravesar a oscuras la cocina siempre pasaba que tiraba algo, y ella se despertaba y, oye, ¿qué haces? Oye, y otra vez a follar.


Fragmento de un poema narrativo sin título de Benoît Toqué

Pintura: Sortir d'un bain, de Balthus (1957)

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