emperifollados

Alicia Steimberg

Mi querido doctor, qué gusto encontrarlo en esta terraza frente al mar. ¿Recuerda que la última vez que nos vimos nevaba y usted tuvo que hacer sus ejercicios en una habitación con el hogar encendido? ¿Practicó los ejercicios que le enseñé para retener su jugo? Es indispensable que los caballeros aprendan a retener el jugo si desean pasarlo bien, ya sea solos o con las señoras. Un caballero que deja escapar su jugo demasiado pronto… Hay que saber sufrir el exquisito tormento de la espera. Sentémonos en estos sillones a mirar la fosforescencia del mar mientras bebemos nuestros cócteles. Creo que, si lo desea mucho, puede abrirse la bragueta y acariciarse mientras me escucha, nadie lo verá en este rincón oscuro de la terraza. Sin embargo me gustaría que probara a no tocarse por esta vez, y simplemente sienta crecer y endurecerse su miembro con las imágenes evocadas por la historia.
Habíamos dejado a Pierre y a Amatista en la habitación con el cartel de PRIVADO, al fondo de la confitería Las Violetas. Pierre salió de la habitación impecablemente vestido con ropa sport, y Amatista con el vestido y los guantes hasta el codo azul pastel. Al día siguiente ella, Pierre y el caballero del monóculo decidieron irse a retozar a la montaña. En menos de lo que se tarda en contarlo, los tres se encontraron en Suiza, en verano, y en la ladera de la montaña había ciruelos cargados de fruta. Amatista se quitó el gran sombrero que llevaba, lleno de cintas y flores, y los botines con innumerables botoncitos. Luego se levantó la falda y la enagua almidonada y danzó entre los ciruelos. No llevaba calzón. Pierre y el caballero del monóculo se desabrocharon las braguetas y empuñaron sus penes erectos. Amatista se escondía detrás de los troncos y decía:
—Ciruela, ciruela.
—La palabra «ciruela»… —respondía Pierre.
—…Es la palabra más bella —remataba el caballero, mientras se tumbaba en la hierba boca arriba, habiéndose quitado ya pantalones y calzoncillos.
Aunque nadie lo dijera, los tres sabían que la actitud del caballero era una invitación a practicar lo que ellos llamaban «el emparedado» o, simplemente, «el sandwich»: Amatista se ponía boca abajo sobre el caballero, insertando el pene erecto en su vagina, y entonces Pierre se colocaba sobre ella y rápidamente le metía el suyo en el culo, disculpe el vocabulario vulgar. El caballero y Amatista realizaban el clásico movimiento de vaivén mientras Pierre, apoyándose él mismo en rodillas y manos en el suelo para no pesar sobre los otros dos, se mantenía en éxtasis en su posición.
Bien, doctor, dejemos ahora a esos tres jóvenes retozando en la montaña, y vamos a su habitación, que debo ocuparme de la última parte de la práctica de hoy para una culminación feliz.

Amatista, de Alicia Steimberg (1989)
Dibujo: Two kings and a queen, de Alphachanneling (2017)
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